"Siempre estoy pensando en el próximo paso"

16 de septiembre de 2014 03:21 PM

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Su nombre real es Gonzalo Deniz y acaba de editar su cuarto disco, Planes, un trabajo que ejemplifica el momento artístico del músico y que explora diferentes miradas sobre el futuro

Viendo la completa agenda de shows que tiene programados el músico Franny Glass en los próximos meses, iba a ser difícil poder coordinar una nota. El lunes se va a México, donde realizará 17 shows en menos de un mes. Luego estará en Buenos Aires y La Plata el 11 y 12 de octubre y el mes siguiente viajará a Porto Alegre. Sin embargo, antes de embarcarse en esta gira, el músico tocará hoy en Periscopio para darle la bienvenida a su cuarto trabajo: Planes, cuya versión digital vio la luz el domingo pasado. Se trata de un álbum que para el artista implicó (como su nombre puede indicar) una mayor planificación que los anteriores. Y eso se demuestra con el desarrollo de un concepto y un sonido sólido, por primera vez pensado para ser tocado junto a su banda.

En entrevista con El Observador, uno de los músicos más reconocidos de su generación, habló de la creación de Planes y de la responsabilidad que siente de representar a la música uruguaya.

¿Cómo fue el momento bisagra entre El podador primaveral (2011) y Planes?

Más que entre esos discos, la bisagra está antes. La discografía se puede dividir en dos mitades: Con la mente perdida en intereses secretos (2007) y Hay un cuerpo tirado en la calle (2008), donde la idea fue tratar de hacer el primer disco pero mejor, más sofisticado. Con El podador primaveral hubo otra intención y Planes, en lo musical, creo que lo continúa. En los primeros discos trataba de hacer folk pop con letras que hablaban del amor y del desamor. Y a partir de El podador... quise hacer canción uruguaya contemporánea. Empecé a tener más influencias regionales, como Caetano Veloso, El Kinto, Tótem, y a sentir esa responsabilidad que no hay que tenerla, pero la sentía: de hacer música que de alguna manera hablara de donde vivo.

¿Tiene algo que ver que haya salido tanto de gira en estos últimos años?

Yo donde más siento esa cosa de haber viajado mucho es en el show en vivo. Te parás de otra manera. En cuanto al disco, quería sacarme las ganas de hacerlo en formato banda. A veces cuando tenía que armar el repertorio para el vivo sentía que me faltaban canciones de determinado tono o color. Hubo momentos en los que se nos dio la oportunidad de tocar en festivales relativamente importantes y me daban ganas de tener canciones más adecuadas a eso. Pasé de tocar de 50 a 150 personas y eso me cambió la manera de componer. Cuando tocamos en el festival Vive Latino me daban ganas de tener una canción más acorde a ese contexto. Si ves el video de ese concierto ves que grito bastante. Ahora lo veo y me río porque parece que estoy como eufórico.

¿Cómo llegó a Planes?

Ahora las influencias ya no eran tanto de los años de 1960, sino que de repente tenía la misma idea de hacer un candombe sin una cuerda de tambores y estaba escuchando a MGMT en vez de El Kinto. En cuanto a las letras quería que fuera un disco que hablara del presente en adelante. El podador primaveral habla de los recuerdos, de la niñez y fue, a mi pesar, un disco nostálgico. Mientras componía Planes estuve leyendo cosas, como el libro Retromanía, que justo tenía que ver con la intención que yo tenía, sobre el término “nostalgia por el futuro”, que lo tenía asociado a estar en setiembre u octubre y querer que llegue el verano e ir de vacaciones. Esa idea de estar añorando algo que todavía no pasó. También quería hablar de la diferencia entre lo que uno se proyecta y lo que luego se hace realidad. Por eso el disco se llama Planes.

Viendo la completa agenda de shows que tiene programados el músico Franny Glass en los próximos meses, iba a ser difícil poder coordinar una nota. El lunes se va a México, donde realizará 17 shows en menos de un mes. Luego estará en Buenos Aires y La Plata el 11 y 12 de octubre y el mes siguiente viajará a Porto Alegre. Sin embargo, antes de embarcarse en esta gira, el músico tocará hoy en Periscopio para darle la bienvenida a su cuarto trabajo: Planes, cuya versión digital vio la luz el domingo pasado. Se trata de un álbum que para el artista implicó (como su nombre puede indicar) una mayor planificación que los anteriores. Y eso se demuestra con el desarrollo de un concepto y un sonido sólido, por primera vez pensado para ser tocado junto a su banda.

En entrevista con El Observador, uno de los músicos más reconocidos de su generación, habló de la creación de Planes y de la responsabilidad que siente de representar a la música uruguaya.

¿Cómo fue el momento bisagra entre El podador primaveral (2011) y Planes?

Más que entre esos discos, la bisagra está antes. La discografía se puede dividir en dos mitades: Con la mente perdida en intereses secretos (2007) y Hay un cuerpo tirado en la calle (2008), donde la idea fue tratar de hacer el primer disco pero mejor, más sofisticado. Con El podador primaveral hubo otra intención y Planes, en lo musical, creo que lo continúa. En los primeros discos trataba de hacer folk pop con letras que hablaban del amor y del desamor. Y a partir de El podador... quise hacer canción uruguaya contemporánea. Empecé a tener más influencias regionales, como Caetano Veloso, El Kinto, Tótem, y a sentir esa responsabilidad que no hay que tenerla, pero la sentía: de hacer música que de alguna manera hablara de donde vivo.

¿Tiene algo que ver que haya salido tanto de gira en estos últimos años?

Yo donde más siento esa cosa de haber viajado mucho es en el show en vivo. Te parás de otra manera. En cuanto al disco, quería sacarme las ganas de hacerlo en formato banda. A veces cuando tenía que armar el repertorio para el vivo sentía que me faltaban canciones de determinado tono o color. Hubo momentos en los que se nos dio la oportunidad de tocar en festivales relativamente importantes y me daban ganas de tener canciones más adecuadas a eso. Pasé de tocar de 50 a 150 personas y eso me cambió la manera de componer. Cuando tocamos en el festival Vive Latino me daban ganas de tener una canción más acorde a ese contexto. Si ves el video de ese concierto ves que grito bastante. Ahora lo veo y me río porque parece que estoy como eufórico.

En el comunicado del disco aparecen ciertas palabras como añoranza y melancolía, que tienen cierta connotación negativa y que no tienen mucho que ver con el tono del disco.

En realidad quise jugar un poco con eso. Utilizar esos términos aplicados hacia el futuro. Me parece que es muy lindo sentir eso sobre el futuro y no tratar de volver a algo que ya pasó. En Retromanía justamente dice que la nostalgia y el futuro no son cosas opuestas, sino que denotan una aguda percepción de la temporalidad. Utilizar esa energía para pensar en el futuro es algo más activo y más productivo.

Existe cierta unidad general temática. La inquietud por el futuro se nota. ¿Es algo que le preocupa?

De alguna manera siento eso. Yo por lo menos siempre estoy haciendo planes. Y tiene que ver con el nombre del primer disco también. Siempre estoy pensando en el próximo paso.

¿Cambiaron en algo sus canciones al ser pensadas para banda?

En El podador... hay canciones que no las puedo tocar en vivo o que no me gusta como quedan. Ahora me aseguré que todas las canciones funcionaran a guitarra y voz. Tenían que cumplir ese requisito, porque toco mucho más solo. Y las canciones cambiaron mucho a la hora de tocarlas con la banda así como después del trabajo de posproducción y arreglos de Guillermo (Berta). Sumó muchísimo.

¿Con este nuevo disco se siente más amplificado?

Sí, ese es el trabajo del productor. Guille pudo traducir ideas que yo no podía explicar en sonidos. Pero realmente fue un proceso arduo y por momentos frustrante, porque quería sacarlo el año pasado y no llegué. Fue por la canción El amor anda suelto por ahí (uno de los cortes del disco). Debe ser una de las canciones que más tiempo me llevó. Estuve un año y medio trabajando con ella, quería que fuese el corte y ya sabía cómo iba a ser el videoclip, pero no podía terminar la letra. Quería que fuese perfecta y no podía. En cuanto a las letras y la estructura, fue superdifícil el proceso. Por eso es más gratificante ahora. Fue más cerebral el disco.

Ahora las letras dejan de ser tan personales y se abren un poco a la interpretación, ¿puede ser?

Sí, puede ser. Una cosa que me planteé fue dejar la primera persona. Ser más ambiguo, tomar un poco de distancia de las cosas. Empezar a observar y hablar de algo que estuviera fuera de mí. Traté de rimar de diferentes maneras para que salieran frases diferentes o imágenes que no se me hubiesen ocurrido. Y poner frases que por ahí no tenía idea de qué querían decir. Me preocupé por las letras más que nunca.Que fueran sólidas desde el principio al final. Hoy me siento totalmente identificado con el disco. Con el arte y el videoclip. Creo que tiene el tono que quería darle al proyecto, que estaba hace tiempo tratando de hacerlo realidad.

Fuente: elobservador.com.uy

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